Foto: data.whicdn.com
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En un mundo donde todo es visual ahora resulta más fácil fingir lo que se quiere proyectar, las redes son el escenario principal, donde las amarguras se visten de felicidad y las vidas condenadas al sufrimiento ahora lucen perfectas.

Es pesado llevar un antifaz con una sonrisa de oreja a oreja cuando debajo de el solo hay lágrimas y un rostro que refleja el amargo de una vida fingida, llena de superficialidades con un toque de esclavitud y grandes detalles de frustración, por tener cada día que salir a mostrar a un mundo lo que no son, reír antes de llorar, estar de pie antes que descansar, al final son Robots codificados para entretener a un público que no les importa si viven o mueren, sólo disfrutan del espectáculo que han montado.

La carga de vivir una vida fingida tarde o temprano termina siendo tan pesada que no les permitirá continuar, dejarán de ser un entretenimiento y centro de atracción y es ahí cuando comienza el descalabro de una vida construida sobre el fango de la vanidad, ambición y el materialismo, esa sonrisa de hipocresía desaparece del rostro, la escultura de un cuerpo perfecto construido por un cirujano empieza a perder forma, ese rostro reluciente empieza a lucir cansado y ya la vida deja de tener sentido pues su actuación a terminado y el público se ha marchado.

Audi Rodriguez

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